Otra película adoctrinadora contra le fe, llena de falacias y falsedades. Disfrazada de crítica a todas las religiones, esconde como siempre, un ataque al cristianismo. Como si el wokismo y el progresismo no fueran sistemas de control, especializados en hacerlo a través de la “educación”, la “cultura” (que no es otra cosa que decadencia), con películas como ésta. Mientras el cristianismo ha resistido más de 2000 años, películas así, con guiones predecibles, que pretenden hacer una crítica que se vuelve ridícula ante la ausencia de argumentos filosóficos serios, serán una anécdota del nuevo intento de imponer las nefastas ideas del socialismo (hoy globalismo). Nada nuevo para Hugh Grant, mercader de porquerías, bajo presupuesto y un producto lamentable al servicio de élites que pretende ser una crítica contra el control. Lo irónico es que Dios nos dio libre albedrío para creer en él o no, puedo elegir amarlo o no, el progresismo y el wokismo se nos impone por la fuerza, con leyes, gobiernos corruptos, discursos y programas diseñados para controlar no pensantes a través de “centros educativos” y “culturales”, tomados hace tiempo por esta enfermedad mundial del globalismo.