Cuando lo absurdo termina siendo un espejo de la realidad. La historia que plantea puede ser inverosímil, pero el contexto y el resultado son notables. No es un panfleto que deja todo servido y entendido, pero sabe tocar la herida. Al final, el saldo es el siguiente: los artistas que dicen ser actuales y contemporáneos, que buscan romper los moldes y los prejuicios con sus obras, terminan siendo los más clasistas y prejuiciosos. Porque al hacer lo que ellos llaman su “arte”, lo hacen basándose en el miedo y el egoísmo que sienten hacia las personas que no consideran “privilegiadas”. Su eterna excusa de llamar la atención y buscar un compromiso con la experiencia del "arte", ya sea a través del marketing o de sus obras, son poco menos que un montón de basura bajo la lluvia, que es, precisamente, donde el director del museo termina encontrando el valor y la empatía que nunca logró sentir en las obras de arte que acogió en su museo.