Es una obra que te transporta al París de esa época, y con la descripción de todos los olores casi puedes sentirlos, incluyendo el de Laure.
Tiene un argumento poderoso porque aborda un pensamiento filosófico muy fuerte: el sentido de la vida lo damos nosotros mismos, está en nosotros. Esto lo sabía Gronouille porque al no sentir su propio olor, sabía que su existencia carecía de significado.
Algo más por lo que me encantó es porque el protagonista (quizá no intencionalmente), lleva a la práctica el pensamiento platónico sobre el amor que va más allá del aspecto físico: su esencia. En este caso, literal.