En lugar de ser una pelÃcula fallida, es una obra maestra que presenta una crÃtica poderosa hacia la audiencia. A través del personaje de Arthur, quien quiere dejar de ser el Joker, se revela cómo la sociedad (y por extensión, los espectadores) se enfoca más en lo que una figura representa que en su bienestar mental. Nos indignamos no por su sufrimiento, sino por la posibilidad de perder al Joker, una figura que encarna la rebeldÃa y el caos en un mundo fracturado. Esto refleja un aspecto inquietante de la realidad: el desinterés por la salud mental de las personas, priorizando el rol que desempeñan o la imagen que proyectan sobre su propio bienestar. Amé la pelÃcula con esta perspectiva, pocos lo entenderán.