La historia es intrigante y llena de pequeño giros o momentos de conmoción. Sin dudas está bien escrita en lo que refiere a prosa y construcción, pero su historia deja mucho qué desear. Primero y principal, el antagonista casi no tiene contexto; no se sabe el por qué de lo que hace, más allá de alegar estar obsesionado con la fiscal. Ese es un punto importante, porque nos da vuelta el eje de importancia en los personajes, poniendo a la fiscal Jones como verdadera protagonista de la novela, ya que ella es la razón por la cual el asesinato de Rubita se termina perpetrando.
Segundo y no menos importante. El antagonista no tiene ninguna relevancia en la trama más allá de los asesinatos que cometió, salvo por la cicatriz en la cara y los recuerdos que la fiscal Jones tiene de ellos. Hay miles de posibilidades que uno puede pensar, pero el autor elige la más vaga de todas. Se podía pensar en el doctor Evans o en el director tomapastillas, ya que intentan todo el tiempo entorpecer la investigación. Incluso se podría sospechar de los enfermeros que tienen las llaves de todas la habitaciones y pueden moverse libremente por el hospital. Se podría sospechar del propio Peter, quien tiene una cordura y un intelecto qué le hacen destacar por sobre los demás pacientes. Sin embargo, el autor, que ya ha tenido varios experimentos fallidos (jaque al psicoanalista, por ejemplo) decide traernos a colación al menos verosimil de todos, un don nadie que en el pasado había atacado a la fiscal Jones en sus tiempos de estudiantina y le había dejado una cicatriz en la cara. Un suceso irrelevante para la trama, más allá de la afectación psicológica que podría haberle producido a ella. El antagonista no tiene desarrollo de personaje ni un perfil psicológico bien delineado. Es un simple asesino sin contexto, un Jack el destripador sin más.
Tercero. El final de Peter podría haber sido más heroico y fatal, de esos que te sacan al menos una lagrima de tristeza. No obstante, se elige otra explicación vaga para argumentar el por qué murió.
Cuarto y último. Para Francis no hay ninguna consecuencia. La última frase del libro podría haber dicho: "...y fueron felices y comieron perdices". Haber escrito semejante relato sobre las paredes de su casa sin haber tomado la medicación durante días, al parecer, solo será una simple anécdota que no dejara ninguna secuela ni fisica ni mental. Tampoco hay consecuencias por los sucesos traumaticos que se vivieron durante la historia y que hayan generado un momento de quiebre en el personaje "principal", más allá de los delirios esquizofrenicos por no tomar la medicación,
Al final, tampoco se aclara cómo fue el proceso para que Francis fuese dedo de alta en el hospital Western, dejando ese detalle tan importante a nuestra propia interpretación como si fuera algo irrelevante para la trama.
En conclusión: es una historia llena de sucesos que prometen pero no cumplen. No hay gran emoción, ni vale la pena leerse 490 páginas para saber quién es el asesino; tampoco vale la pena leer el libro entero para intentar sentir ese pequeño hormigueo o el escalofrío que caracteriza a los finales de las buenas historias, porque aquí no lo tendrán. Decepción total, Katzenbach.