Faisel propone una ruptura radical: el abandono de la lógica constitucional heredada del castrismo y la elaboración de un Pacto Social Postmoderno. Esta idea, tan audaz como necesaria, sugiere que Cuba no debe aspirar simplemente a una transición de elites o a una reforma del sistema, sino a una refundación ética del Estado, donde los derechos individuales, la soberanía popular, el pluralismo político y el imperio de la ley sean pilares irrenunciables.
Este pacto no debe brotar de un élite ni de una nueva vanguardia redentora, sino del ejercicio soberano de todos los cubanos: los de dentro y los del exilio, los herederos de la república frustrada y los nacidos bajo el totalitarismo. Es, en esencia, una propuesta de reconciliación nacional fundada en la justicia, no en el olvido.