Maravilloso. De Alfonso Basallo me esperaba un buen libro, porque sé cómo escribe como periodista aunque nunca había leído un libro suyo, pero lo que he encontrado es un relato trepidante que pide a gritos leerse del tirón. Una maravilla que se disfruta como se disfrutan los buenos libros. Creo que hace un brillante uso del estilo en primera persona, mezclado con un presente constante, como si fuera un diario en el que el autor no sabe qué ocurrirá mañana. Parece que es su abuelo el que habla todo el rato.
Además, desde el punto de vista histórico, me parece interesantísimo y una manera de descubrir muchas cosas sobre el Desastre. Y de sufrir con el sargento Basallo, con sus compañeros de infortunio, con los masacrados, con los niños y las mujeres. Y de emocionarse también cuando toca, y de reírse incluso.