Poco fiel a la realidad de un cónclave muestra un escaso conocimiento de la doctrina católica. Los personajes son caricaturas. Ninguno de los Cardenales parece tener fe y no respetan nada, ni la castidad, ni el secreto de confesión, ni la reserva del cónclave, ni la privacidad de las habitaciones del pontÃfice fallecido... Muy de buenos y malos, presentando como los peores a quienes quieren preservar la Tradición y el Magisterio de la Iglesia. Una pena la fealdad del edificio donde residen los Cardenales electores Q se supone Santa Marta. El final es un disparate.