Un panorama nublado para Arch Enemy, es el que ahora vemos con el lanzamiento de su nuevo álbum Blood Dinasty, que en términos generales, es totalmente plano, sin rasgos sobresalientes, hasta podríamos decir que forzado y demasiado prefabricado.
Llega un punto a mitad del disco, que te cansa un poco el que sea tan homogéneo, sin tintes distintos, al menos hasta la novena pista en la que podemos escuchar algo diferente a las anteriores.
Y es que tampoco es publicar álbumes a fuerzas, menos explorar estilos cuando por años tu receta te había funcionado bastante bien. Honestamente ni siquiera podríamos catalogarlo dentro de un género en específico por tantas mezclas, porque si algo quedó claro es que el death metal melódico ya no existe en su duodécimo álbum de estudio.
Además, usar guturales y riffs armónicos en algunas canciones, no lo vuelve dicho género, menos si no hay esencia. Incluso si lo analizamos detalladamente, encontramos en este material influencias del metal gótico, heavy metal, power metal y hasta una especie de deathcore extraño.
Si a eso sumamos la pésima imagen de los miembros y la desastrosa publicidad que se le hizo, previo a su lanzamiento, nos deja no sólo un mal sabor de boca, sino pocas esperanzas de que puedan recuperarse de este duro fracaso inicial.
Porque realmente nadie esperaba este disco, después de Deceivers hace casi tres años, que fue una placa magistral, los fans quedaron conformes, en realidad creemos que no era momento de publicar algo nuevo de esa magnitud.
Aunque admiramos el arte de la portada, y nos encanta el nombre, no encontramos una sola canción rescatable, ninguna que se salga del plato, que nos haga explotar o emocionarnos.
La decadencia de los liderados por Alissa White-Gluz es más que evidente, y eso es verdaderamente algo triste, porque de ser una de las bandas más representativas del metal mundial, ahora son los restos que quedan después de un naufragio.