Un desastre cinematográfico tan monumental como los dinosaurios que pretende revivir. La peor entrega de una saga que, siendo honestos, ya venÃa tambaleando hace rato. La falta de cuidado en los detalles roza lo insultante: todo parece hecho con la apatÃa de quien confÃa en que la nostalgia lo salvará todo.
El guion es una sucesión de lugares comunes predecibles, interpretados con una energÃa tan mÃnima que cuesta creer que los actores comprendieran la magnitud —o siquiera el tono— de lo que estaban filmando. Ninguna emoción resulta creÃble: ni el miedo, ni la tristeza, ni el más leve atisbo de angustia.
La dirección naufraga entre el abuso del sobresalto fácil y una torpeza absoluta para construir tensión. Ni siquiera los momentos que deberÃan despertar asombro o adrenalina logran hacerlo; los monstruos aparecen sin peso ni misterio, vÃctimas del mismo exceso digital que les roba toda presencia.
Y cuando intenta evocar la magia del pasado mediante la música, lo hace sin coherencia ni sentido: una partitura icónica usada como decorado sonoro, sin conexión alguna con la emoción que pretende invocar.
En definitiva, Jurassic World: Rebirth no es solo una mala pelÃcula: es un recordatorio de cómo el cine comercial puede vaciar de alma incluso a sus propias leyendas. Cuesta creer que Spielberg haya puesto su nombre en esto, o que una actriz del calibre de Scarlett Johansson haya aceptado subirse a semejante fósil. Una producción que confirma que, en Hollywood, a veces la extinción sà es merecida.