Si tan sólo hubiese más realizadores sin miedo cómo Cohn y Duprat el cine sería más excitante y entretenido.
Las fórmulas repetidas y sin sabor que históricamente fueron usadas para tratar de caer bien ya quedaron vetustas y rancias, tal es así que tuvieron que poner al INCAA a financiarlas con el IVA de los fideos que compran los pobres para hacer películas con gusto a nada o que abrevan en temas repetitivos y que no son el metro cuadrado del 99,99% de la gente, así les va en las taquillas.
Prueba cabal de que cuándo una idea disruptiva es bien realizada hay un mercado. Para verla más de 1 sola vez.