Esta película es, sinceramente, ridícula por la manera en que presenta las relaciones y distorsiona los valores tradicionales. Retratar a un hombre que respeta y valora a su esposa como “el malo” solo refleja lo mal que estamos como sociedad.
No se trata de “machismo” ni de “patriarcado”, son discursos que muchas veces se repiten sin contexto ni entendimiento. La realidad es que los hombres también asumen grandes responsabilidades: son quienes, en su mayoría, realizan los trabajos más duros e industriales y quienes, históricamente, han protegido y provisto.
Atacar ese rol no nos lleva a igualdad, sino a más división. La verdadera solución está en el respeto mutuo y en valorar el aporte de ambos, hombres y mujeres, sin caer en narrativas que solo buscan enfrentar.