"El cautivo", de Alejandro Amenábar, es una pelÃcula profundamente manipuladora, que responde más a los dictados de una ideologÃa woke que a una búsqueda genuina de verdad o complejidad humana. Es preocupante ver cómo el cine de autor se pliega cada vez más a discursos que pretenden erigirse como moralmente superiores, sacrificando matices en nombre de la corrección polÃtica.
¿Quién le dijo a Amenábar que para humanizar a Cervantes era necesario atribuirle una orientación homosexual? Y si fuera, ¿es eso determinante? ¿No existen otras maneras más complejas de acercar el mito a la realidad? En lugar de enriquecer al personaje, esta interpretación lo simplifica, reduciendo el sÃmbolo, elimando su personalidad profundamente contradictoria y rica.
Es muy triste que grandes creadores caigan en esta especie de "realismo socialista" de nuestros dÃas, donde el arte ya no incomoda ni cuestiona, sino que educa según dogmas impuestos. La historia merece cuestionarse, cierto, y la ficción, libertad. Pero cuando ambas se confunden para servir a una agenda, se pierde lo esencial: la verdad y utilidad del arte.