Un libro extraño, interesante pero muy difícil de leer. Está escrito (por el autor, a finales de los 1980s) como si fuera un manuscrito encontrado, y de finales del siglo XVII, nada menos. Es un libro con clara intención cómica, en el que se narran pequeñas anécdotas, probablemente todas ficticias, que supuestamente pasaron durante un terremoto (este sí, real) que sucedió en Málaga y sus alrededores, el nueve de octubre de 1680. Lo que más destaco son dos cosas: una, la sorprendente fidelidad al estilo. De veras se siente uno leyendo una auténtica crónica de esa época, con un estilo tan fino como enrevesado, y alguna que otra vez grotesco. Dos, el impresionante léxico del escritor. Reto a cualquiera a leer tres páginas sin requerir al menos una vez del diccionario. Eso me vino de perlas a mí, que gozo en coleccionar palabras raras para un potencial libro, pero el lector corriente puede sentirse abrumado, o por lo menos fatigado, ante tal prolijidad. Hubiera sido más entretenido leer una sola historia, en vez de una colección de anécdotas, pero, en fin, el libro es así. Una extraña joya.