La amé, y en especial el final. Amé cuando Nora se asombra que las leyes no sean justas y no entendieran lo que ella hizo, un sacrificio de amor. Nora se sacrificó por Torvaldo, pero él no lo hizo. Me gusta el hecho de que también Nora admite su ignorancia y se interroga, mientras que Torvaldo cree saber, y no se interroga de nada (me recuerda a que Sócrates se le considera uno de los filósofos más extraordinarios, pues es él único que admitió su ignorancia humana: “Solo sé que nada sé”). Opino que esta obra no solo es feminista, también habla sobre la individualidad y me encanta que se haya usado a una mujer para representar aquello y que sea de más impacto. Increíble que es Ibsen y su obra Casa de muñecas, que tenía como propósito principal el desvelar un decadente mundo basado en la opresión y la mentira, una muy buena obra del realismo.