Si pudiera sentarme frente al Carlos González de 8 años probablemente le trataría muchísimo mejor de lo que me trato a día de hoy.
Ser tan autoexigente me ha llevado a tener algunos grandes éxitos, pero también mis caídas mentales más fuertes.
Le diría que no pierda el tiempo con amistades que no aportan, que no se distraiga con diversiones efímeras y que cuide de su familia al máximo.
Le avisaría de que el tiempo pasa muchísimo más rápido de lo que él cree. Y que, en un abrir de ojos, se verá así como me veo yo hoy.
Creo que ese niño de 8 años me vería como un ejemplo a seguir, pero no tendría ni la menor idea de los demonios que lleva dentro un adulto. Y de los miedos, y las inseguridades y las preocupaciones.
Le diría que el dinero viene y va, que la familia siempre prevalece, que las conversaciones son valiosas, que aprenda de todos, que la depresión durará poco, y que sea fuerte.
Así que veo todo esto, ahora, y veo que le diría exactamente cada cosa que me dijeron mi padre y

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