Muchas personas están optando por mantener un contacto mínimo con sus padres y otros familiares. Pero, aunque esto puede dar tiempo para pensar, también conlleva complejidades emocionales
Cuando su madre la llamaba, el estrés sacudía el cuerpo de Marie como si sonara una alarma. Así que "dejé de contestar al teléfono", afirma. Formula las palabras con determinación, como si leyera un guion.
Este fue uno de los "límites" que acordó concienzudamente con su terapeuta hace tres años, cuando llegó a un punto crítico en la gestión de su relación con su madre.
Nunca le ha explicado su decisión a su madre, pero fue la consecuencia de toda una vida en la que Marie, que ahora tiene más de 40 años, se ha sentido rechazada, avergonzada y como "la oveja negra de la familia".
La madre de Marie, dice, siempre lo centraba todo en sí misma. "A cada cosa que yo hacía era simplemente como... otros están peor. Por ejemplo, yo decía: "No me encuentro muy bien", y ella respondía: "Sí, bueno, yo tengo

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·13h