Circula por la red este soneto de Quevedo, con una única palabra cambiada. Es tan ingeniosa la idea que contribuyo gustoso a su difusión:
Harta la toga del veneno tirio,
o ya en el oro pálida y regente,
cubre con los tesoros del Oriente,
mas no descansa, ¡oh Donald!, tu martirio.
Padeces un magnífico delirio
cuando felicidad tan delincuente
tu horror oscuro en esplendor te miente,
víbora en rosicler, áspid en lirio.
Competir su palacio a Jove quieres,
pues miente el oro estrellas a su modo
en el que vives sin saber que mueres.
Y en tantas glorias, tú, señor de todo,
para quien sabe examinarte, eres
lo solamente vil, el asco, el lodo.