El fútbol colombiano no se arregla triturando técnicos, ni cambiando de dueños, ni con violencia en los estadios. Se arregla con proyectos, con estructuras, con procesos que no se dan de la noche a la mañana porque necesitan tiempo. Y eso lo debería entender la dirigencia.
El fútbol es tan generoso que un equipo en ruinas puede resucitar entre las cenizas, pero la inmediatez por el resultado nos está matando.