Para una parte de la población, el cilantro no sabe a hierba fresca sino a jabón, y la explicación está en la genética.
Los genes guían la producción de proteínas que funcionan como receptores y regulan cómo el cuerpo responde a ciertas sustancias. En estas personas, los receptores reaccionan de forma distinta ante los aldehídos, unos compuestos presentes en el cilantro, y traducen ese aroma en un sabor jabonoso que resulta desagradable.
Hay un detalle llamativo: las chinches también desprenden aldehídos. Por eso se plantea que, de forma inconsciente, esos receptores asocien el olor del cilantro con el de estos insectos. El cilantro se cultiva desde hace miles de años y su origen suele situarse en el Antiguo Egipto, cuando las plagas eran frecuentes.
¿Tiene solución?
Por ahora no se conoce una forma efectiva de cambiar esa percepción, así que quienes la experimentan suelen optar por mantenerse lejos del cilantro.
¿A ti el cilantro te sabe a hierba fresca o a jabón?
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