Una imitaciรณn filmica, que se sostiene รบnicamente por el genio indiscutible de Eggers como diseรฑador de producciรณn y creador de atmรณsferas. Sus filmes parecen buenos porque estรกn muy bien hechos; los mima en cada composiciรณn, en cada fuente de luz, en cada textura, en cada prenda de vestuario, en cada decorado. Pero este valor, aun siendo admirable porque estรก en extinciรณn en el cine comercial contemporรกneo, se vuelve insuficiente cuando las referencias son tan obvias. Hablamos de Nosferatu, una de las pelรญculas mรกs importantes de la historia, y de su revisiรณn por parte de Herzog, tan buena o superior, La falta de oxรญgeno en el cine de Eggers se nota mรกs cuanto mรกs alto sube รฉste en el canon del fantรกstico. Y esta vez ha apuntado muy alto.
Con nada que aportar en lo discursivo, el cineasta se aplica con intensidad en armar un aparato formal que, si bien resulta arrollador y, en ocasiones, aplastante, no deja de ser una versiรณn intensificada de los principales logros de Murnau y Herzog. sin llegar a innovar en el ente histรณrico.