No tenia noticias que alguien se hubiera ocupado de ponerle nombre a su muerte: "Magnicicidio, asesinato". Lo hicieron salir del monasterio mordiendo la carnada de un Congreso de religiones en Asia para poder matar como un perro inpunemente a la mente mas preclara y critica de la injusticia que haya dado el siglo XX. Por eso habia que silenciarlo, callarlo, matarlo. Por eso no se le hizo autopsia. Este libro hace justicia y llama martirio a su muerte, porque fue eso un martir de la justicia. "Bienaventurados aquellos que son perseguidos...". Fue martir y Doctor de la Iglesia en grado eminente, tendio puentes con otras religiones, y el Vaticano sigue en silencio.