Salvo las palabras finales, totalmente prescindibles y que abaratan este sensible y singular film, nos encontramos con una creación que parte de los sentimientos para volver a ellos y modificarlos a su antojo, siempre para bien. Se es mejor persona luego de su visión, nunca peor. Hay algo en su realización que te impide ver el mundo con ojos humanos. Y la visión de Bailey siempre va a resultar superadora y comprensiva. De visión imprescindible para los que nos emocionamos sin pensar en el qué dirán.