Pippa Mediaslargas es una niña muy particular. Sus ocurrencias divierten porque surgen espontáneamente, porque tienen la inocencia del niño que fuimos, porque es una niña cuya pureza, ingenuidad y sentido de juego nos recuerda que la vida no debe encararse con tanta seriedad, que aunque ya no seamos niños, no significa que no podamos jugar, creer en muñecos y soñar con la alegría eterna de la felicidad.
Es un libro rico en imágenes y acciones divertidas que favorecen la lectura, pues mientras avanzamos a los siguientes capítulos, nos vamos encariñando más con Pippa; al conocerla no dejamos de estar alentar por lo que pueda inventar o lo que pueda hacer ante cualquier situación; eso hace que queramos continuar leyendo, ansioso del próximo juego y de conocer la próxima víctima de sus aventuras.
Como en los buenos libros de literatura infantil, en este se exaltan valores universales como la amistad, la justicia, el valor de la infancia y en particular, la libertad.
Es, pues, un bonito libro para leerlo en familia, en especial a los niños que de seguro amaran a Pippa por lo que tiene de divertida, valiente y buena gente.