El único verdugo ha sido el ser humano, por la fatídica e ignorancia de su pobre conciencia. Dios no ha echo nada más que amar al ser creado por el mismo. Es notable el atrevimiento de un autor que dispara todos sus errores a Dios.
Siempre hemos tenido la idea equivocada sobre Dios y ha sido muy fácil dirigir las culpas de nuestros propios errores al creador de nuestra existencia.