Si El Principito es tan conmovedor, Carta a un Rehén resulta una cúspide más a la que nos lleva Antoine de Saint Exupéry, en ella nos habla de su destierro de Francia, después de nueve meses de lucha contra la barbarie nazi, de su estancia en Portugal y de los refugiados, casi todos ellos ricos, que habían abandonado Francia, tanto el país como esos hombres intentaban guardar una identidad. Pero Saint Exupéry los haya vacíos; para él, piloto de guerra, no hay más camino que liberar Francia, pero no la abstracción, sino su sustancia, que encarna en León Werth, judío y Francés, entrañable amigo del escritor,
Carta a un rehén, más que un canto a la amistad (que lo es), es un canto a la vida y a la libertad; Saint Exupéry nos narra su vida en el desierto del Sahara, su papel como corresponsal durante la Guerra civil española, como parte de la aventura humana y lo que hay detrás de su
andar y su relación con esa lucha, lucha por la amistad, donde dará su propia vida, pues en vuelo de reconocimiento a Francia, desaparecerá, seguramente abatido por los nazis, en su carta le dice a Werth "si todavía combato... combatiré por ti".