Un agosto por aquellos 1965, se publicaría una de las novelas más icónicas e infaltables en la literatura de ciencia ficción, marcando un gran hito en el género, convirtiéndose en una novela soberbia, magnifica, de cuya lectura es más que recomendable, claro que sí hablamos y nos adentramos en Arrakis, el planeta Duna o Dune, en el juego de tronos entre la casa Atreides, Harkonnen, Corino, en la apasionante pluma de Frank Herbert, en la vida del gran desierto, de sus habitantes los Fremen, en el combate despiadado entre los fedaykin y los sardaukar, en la piel del chico Paul Atreides, en el de su hermana Alya del cuchillo, en la grotesca e imponente figura del barón Bladimir Harkonnen, en el coraje de Gurney Halleck, el bardo guerrero, en la poderosísima dama Jessica y en la pluma apasionante de la princesa Irulan.
Duna fue esa obra que dijo aguanten, la ciencia ficción también puede ser novela, puede trascender más de las cien páginas, puede narrar temas profundos, con alta filosofía (“el miedo es la muerte de la mente porque nos lleva al colapso….”); la melange o especia debe fluir, como también deben fluir los gusanos de arena y sus jinetes, las maquinas pensantes fueron destruidas tras siglos en la batalla de Corino, y ahora las Bene Gesserit han unido lazos y han trazado planes para que el legendario Kwisatz Hadarach quien ponga orden y armonía, pero, todo se les ira de las manos cuando Paul no encaje en lo que estaba predestinado y en la sumisión a la orden y se rebele, crezca. La construcción de Duna, su mitología, leyendas, paisajes, ambiente, filosofía y demás, le hacen un puesto de honor en la alta literatura humana, su lectura es más que recomendada.