Trabajé junto a este escritor durante los últimos años de su carrera como su community manager en varias plataformas, mucho antes de que lo banearan de casi todas. Podría compartir innumerables anécdotas sobre nuestro tiempo juntos, recuerdos que permanecerán intactos en mi mente, pero hoy quiero contarles algunas historias que reflejan su peculiar comportamiento diario, que, por cierto, era muy inusual.
Lo cierto es que casi nunca miraba su teléfono y lo perdía constantemente en algún rincón. Tampoco mantenía conversaciones de más de treinta segundos con nadie, lo cual era un verdadero reto para mí, sobre todo cuando viajábamos. En las reuniones, insistía en que yo dirigiera la conversación, mientras él observaba en silencio. Decía que, mirando directamente a los ojos de la gente, podía leerles el corazón. Nunca creí del todo en sus palabras, pero entendí que, en el fondo, estudiaba mucho a las personas y que interactuar con ciertos especimenes lo incomodaba. Sobre anecdotas con mujeres tengo dos millones; pero en este caso voy a citar un refran que acostumbraba Marcos en estos temas "Los caballeros no tienen memoria" fin de la historia.
Tenía la extraña costumbre de salir a correr al amanecer, a horas absurdas: las dos o las cuatro de la mañana. Durante una de estas fugas, un coche lo interceptó y le disparó desde dentro, quiza le quisieron robar o algo asi, La policía bonaerense rara vez aparecía, y cuando lo hacía, no era precisamente para impartir justicia, sino para solicitar algún tipo de cooperación económica.
Una vez estuvieron dos horas explicandole que no salian a las calles porque el gobierno de Javier Milei era una mierda y tenian todas las patrullas destruidas y que ojalá estuviera Cristina Kirchner.
En cuanto a su comida, también era un asunto complejo. Por suerte, no había problemas en casa, ya que mi esposa, cocinera profesional, hacía que sus visitas pasaran de ocasionales a frecuentes. Le encantaba la pasta a la boloñesa, aunque sufría de acidez y tomaba una pastilla de omeprazol todas las mañanas antes del desayuno.
"Y eso es todo lo que tengo para decir. No puedo quejarme; tenía buen humor, era inteligente y disfrutaba del mate, aunque a mí nunca me gustó. Fumaba de vez en cuando, algo que yo no hacía, y tampoco bebía, lo cual me afectaba, porque en el lugar de donde vengo, beber es una costumbre arraigada."