He platinado este bodrio.
Sé que hay que respetar a GTA III por ser el padre de todo lo que vino después, pero honestamente terminé con una mezcla de asco y alivio. La satisfacción no vino tanto por disfrutar el juego, sino por haberme “sacado la mochila” de haberlo empezado y llegar a un punto en el que me sentía completamente agobiado.
Es un juego del 2001 cuya versión original envejeció muy mal. Y no lo digo como opinión: es un hecho. Todos esperábamos que la Definitive Edition ofreciera una mejora considerable, pero no fue así. Lo que obtuvimos fueron apenas unos gráficos reescalados con inteligencia artificial, sin verdadero trabajo de pulido.
Uno de los aspectos más odiosos es la conducción: desastrosa en todos los sentidos, especialmente cuando manejás vehículos como la ambulancia. Me tomó alrededor de 15 intentos serios completar la misión de paramédico, y no por falta de habilidad, sino por lo mal diseñado que está el control.
Otra cosa frustrante son las bandas enemigas. Cuando buscás el platino, lo normal es que ya hayas terminado la historia y te dediques a completar lo secundario. Pero no podés recorrer ni cinco cuadras sin que un enemigo te cruce y te reviente el auto con una escopeta. Perdés las armas, la armadura, y encima el progreso.
A esta altura, el juego deja muchísimo que desear. La iluminación “clásica” no arregla nada. Si no es mucho pedir, sería ideal que mejoraran la conducción, trabajaran realmente los gráficos y redujeran el nivel de hostilidad constante que lo vuelve tan estresante.
GTA III Definitive Edition no es una verdadera remasterización. Es apenas una mejora superficial. Y eso no alcanza.
Si sos fan, compralo solo en oferta. A precio completo, es un robo.