Por extraño que parezca, "El nombre del viento" no es un libro que acostumbro recomendar a cualquiera, y aún así es sin duda mi favorito. Para los que no suelen leer fantasía, implicaría empezar por un libro de 900 páginas que da inicio a una trilogía a medio escribir. Para los que sí suelen hacerlo, implicaría encontrarse con una historia en donde la acción y el viaje del héroe se dejan en un segundo plano a cambio de una historia más estática y cotidiana. No nos encontraremos un mundo de alta fantasía, pero tampoco el ambiente grimdark tan de moda en esta última década.
Dicho lo anterior, hay innumerables razones por las que darle una oportunidad a esta historia. "El nombre del viento" es una novela escrita con una cantidad de cariño desbordante, y eso se nota desde la primera hasta la última sílaba. Yo, desde luego, no me he encontrado con otro libro que esté tan mimado al detalle como este. Su prosa es como esa hoja marchita que no puedes dejar de contemplar mientras baila y se arrastra sobre la superficie de un riachuelo: elegante, melancólica y enternecedora. Rothfuss sabe perfectamente en qué medida el uso de un recurso puede embellecer la narración de los acontecimientos sin caer en simplezas ni barroquismos. Sabe cómo hacerte reír para, de golpe, desgarrarte el corazón mediante la simple descripción de unos dedos rasgando las cuerdas de un laúd viejo.
Es a través de ese arroyo compuesto de palabras que nos presenta todo un abanico de personajes y, sobre todo, emociones difícilmente abarcables en otras obras del mismo género. Todo ello, a su vez, logra que la imaginería que se forma en torno a su universo sea única.
Si sabes ser tan sólo un poquito paciente, te encontrarás con un relato tan íntimo que logrará envolverte el alma, tan cercano que lo sentirás como propio. Si consigues dejar a un lado el ansia lectora por avanzar la trama, por por destapar misterios, por la resolución de objetivos; si consigues eso y logras sentir cómo la narración fluye palabra por palabra, puede que en este libro encuentres un pequeño escondrijo en donde ser extremadamente feliz.