Un libro sutil y conmovedor donde nos guiará Charlie durante su primer año del instituto. Él es un adolescente que ha vivido una infancia feliz pero eso no impide que esté sucumbido en historias trágicas como cuando su Tía Helen falleció. Por esto y por el inicio del instituto, empezará a escribir cartas a alguien desconocido donde narrará sus experiencias y se desahogará. No estará solo, encontrará amistad y amor en el grupo de Patrick y Sam y confianza en su profesor predilecto: el de literatura. Al principio estará marginado pero poco a poco se dará cuenta de su problema y abandonará ese rol para asi pasar a un primer plano en su vida. La historia te conmoverá y desearás que haya una secuela. Como dijo Charlie, “somos infinitos” y eso es no llegar a un fin en el disfrute de la vida.
Recomiendo mucho este libro.