Una producción anacrónica con un relato que no merece el dinero que ha costado. La acción está inspirada en los videojuegos más que en la narrativa cinematográfica. Ni es moderna ni es vintage; es un producto basado en el marketing engañoso desde el póster promocional (Antonio Banderas en el centro del cartel, cuando en realidad no tiene ni tres frases decentes) hasta el último segundo de su tedioso metraje. Los villanos, poco carismáticos, y los secundarios, simplones y sin gracia. Una saga desgastada y que ha envejecido fatal pese al intento fallido de reverdecer los éxitos de sus anteriores entregas mediante un mosaico de retales. Deja vu. Telón lento y final.