Empezaba bien y luego… no se sabe nada del resto de las personas del búnker, no se ve como dicen al ppio esa sensación de desesperanza, estrés o ansiedad por lógicamente, estar encerrado.
Además, hay uno de los protagonistas que le ponen la misma, exacta réplica, de cómo actúa Mario Casas cuando le toca hacer de “malote”.
Los que se encargan del búnker se supone que debería haber más y con muchos más conocimientos.
Entretenida, pero lo del típico amor adolescente agónico deja bastante que desear…