Superestar intenta ser vanguardista, pero se queda en una parodia pretenciosa sin alma. En lugar de rendir homenaje a Tamara/Yurena desde el humor, la ternura o el kitsch divertido, se empecina en ser “rara por ser rara”, con escenas que no suman, solo desconciertan. Lo que podía haber sido una serie payasa y entretenida se convierte en un experimento aburrido, que ni emociona ni divierte. Un desperdicio de personaje y de potencial.