Qué forma más bonita de transmitir una historia. Qué planos, conversaciones profundas, la vida en su esencia. Este Pucho no para de sorprendernos. Seguimos alucinados con su puesta en escena en Sin cantar ni afinar Tour y ahora nos deleite con otro arte. El arte de dirigir, de poder transmitir el dolor de Yerai y toda una familia por el silencio. Ese silencio, que cuando ya es tarde es muy difÃcil de sanar. Alucinante, sin palabras y con ganas de más. Ese arte de poder por un lado explicar una historia de todos los puntos de vistas posibles y sin dejar de lado, que no deja de ser un regalo de disco que le hace el artistazo de Yerai a su más que tia Tania. Con que será con lo nuevo que nos sorprenderá este puchito.