La muerte en Venecia – Thomas Mann
(No me peguen, soy Giordano)
Thomas Mann escribe este libro a sus 36 años de edad. Vivió hasta los 80. Al escribir esta novela, creo que se sentía incapaz de desatar su problema interior, encerrado como en una cárcel, preso de la moral, gozando sí (y a pesar suyo) de una capacidad intelectual y conocimiento que no le eran esquivos, pero impotente ante una íntima inquietud vital que no podía expresar debido a los designios de la “corrección política” de aquel tiempo-lugar. Una bomba. Por ahí en Francia (Rimbaud), o en Inglaterra (Wilde, preso, de todas maneras), la cosa era diferente. Hay mucha actitud y valentía del Autor en nuestro libro.
Sin embargo, Thomas Mann aborda esta bomba dotando a Aschenbach con cualidades de debilidad y abandono, de un anhelo permanentemente insatisfecho, de impotencia para torcer de cualquier modo su grave incomodidad existencial. Intenta el autor realizar una síntesis dialéctica por medio de lo clásico, que en mi opinión aporta más debilidad, tanto como la muerte de Aschenbach, nada dramática ni épica, una muerte pobre, frustrante, débil y sin una clara justificación para la trama que permita resaltar el discurso.
Hay varios aspectos retóricos en la novela que requieren un detenido análisis. Uno de ellos es esa preferencia del autor por presentar el discurso de Aschenbach mediante la falacia de apelación a la autoridad, siendo la autoridad el mismo protagonista (Yo que soy el ejemplo, el maestro reconocido, sin embargo pienso que lo sensual es lo verdadero y no el conocimiento, y como lo digo yo que soy tan inteligente y capaz, pues entonces esto debe ser la verdad y no lo otro.” Puede ser un rasgo de aquella incomodidad desesperada.
Notas de cata:
Schopenhauer parece ser el referente principal de Mann en cuanto a su desvelo por lo inalcanzable, por la imposibilidad de ser. Esto es lo mejor. La buena base.
Nietzche, las antípodas, es asimismo referencia por el absurdo. No hay Superhombre, no hay ruptura.
Rimbaud es un escrito al margen hecho por algún lector.
Imposible ignorar ese olorcito a Wilde, pero diluido 1:10.
El escrito, la prosa poética, agrada y es muy interesante.
Interpreto los pasajes racistas y discriminantes como propios de la naturalidad europea del SXIX previa a la corrección política contemporánea.
Bueno, que le vamos a hacer. A mí me pareció esto.
Alejandro