Me quise leer este libro por ser un clásico del siglo XIX, para poder tener criterio acerca de la literatura rusa de aquellos tiempos.
Por un lado, el modo de escribir es distinto y en ocasiones difícil de seguir, no por ser complejo sino por ser demasiado tedioso e incluso pomposo.
La trama si nos retrotraemos a ese momento de la historia puede resultar ciertamente innovador. Ahora sería una historia más de crímenes.
Posee diálogos soporíferos que se pueden saltar y que no aportan absolutamente nada a la historia, más bien la empeoran porque dan ganas de dejar la lectura.
Si nos abstraemos de esas partes, demasiado abundantes por otro lado, consigue enganchar a partir de la mitad de la novela.
Entender la evolución a veces cuesta porque los nombres de los personajes (entiendo que por motivos culturales de la época) siendo los mismos se denominan de distinta forma. Por ejemplo al mismo tiempo uno de los personajes, se llama indistintamente Sonia o Sofía, pero sucede con todos y cada uno de los personajes y hace que en ocasiones me haya perdido.
Hay un aspecto que no sé si se debe a la traducción o es de su texto original, y es el uso constante, y cuando digo constante es literal de la palabra “usted” en todos y cada uno de los diálogos. A mi personalmente me ha exasperado tal reiteración innecesaria.
todo ello se ha sumado a las dificultades ya mencionadas.
Lo que si consigue el autor es hacernos una idea del ambiente de ese momento, la miseria, el aspecto social con un fondo político y de cambio, ese nihilismo del que se habla transversalmente y que el personaje central consume.
En definitiva, me ha costado leérmelo y si lo he terminado ha sido para poder tener un mínimo de criterio a la hora de valorarlo.
¿Lo recomendaría? Definitivamente no, o si lo haría sería para alguien con mi misma motivación inicial.
Pongo tres estrellas porque el mérito de lo que se cuenta y cuando se cuenta es de admirar.