Si bien no cabe duda de que Joaquin Phoenix y Lady Gaga son actores extraordinarios, "Joker 2" resulta una decepción en muchos aspectos.
La propuesta inicial de explorar el universo del Joker de forma independiente a Batman tenÃa potencial. La primera entrega profundizó en la psique de un Joker desquiciado, producto de una sociedad hostil y cruel. Sin embargo, esta secuela se desvÃa de ese tono oscuro que refleja.
La decisión de transformar "Joker 2" en un musical con elementos de una historia de amor es, simplemente, un desacierto. La elección de este género es incompatible con el carácter sombrÃo y perturbador del protagonista, diluyendo la esencia del Joker y el impacto psicológico que lo define.
Es un intento forzado que rompe con la coherencia del personaje y su evolución establecida en la primera pelÃcula.
Además, se percibe una falta de respeto hacia el mito del Joker, al presentarlo en un contexto que no explora ni su locura ni su oscuro simbolismo.
Por otro lado, el retrato de Harley Quinn es una elección igualmente desafortunada. En lugar de mostrarla como alguien profundamente obsesionada y unida al Joker, se la presenta como una figura manipuladora que simplemente lo "utiliza". Este cambio distorsiona la naturaleza de su vÃnculo y traiciona la caracterización clásica de Harley, cuya devoción ciega es parte integral de su complejidad.
Y, por último, el final. Este diseño es, sin exagerar, uno de los aspectos más decepcionantes de la pelÃcula. Parece concebido con la intención de frustrar al espectador, como si el equipo creativo hubiera decidido dar un giro absurdo y completamente fuera de lugar. En lugar de cerrar la historia de una forma memorable o impactante, el final resulta absurdo y completamente desconectado del tono de la pelÃcula original. Es casi como si hubieran querido arruinar deliberadamente lo que construyeron en la primera entrega.