Un álbum del que me he enamorado y no he dejado de escuchar en todo el año.
Increíble cómo llegó a ser mi favorito. ¡Es un disco de dos horas!
No está disponible en servicios de streaming y, su producción no llega a ser nítida siempre por el estilo lo-fi en su producción, de calidad imperfecta y casi artesanal, pero que evoca un profundo sentimiento de nostalgia y melancolía usando el slacker rock, pop psicodélico y dream rock de los 50s y 60s.
También experimenta al alterar compases y tempos de manera impredecible, haciéndolo más humano, más análogo. Es como si la música y la creatividad tomaran control para expresar las emociones que Flegel y Steve Lind querían.
La voz que acompaña el álbum es sublime, atmosférica y rítmica. Mientras que la instrumentación, en su mayoría minimalista, refleja una estética de desolación en algunos momentos, y en otros, el jubileo por épocas pasadas.
Este año no he encontrado un álbum como Diamond Jubilee. Su belleza no radica en ser perfecto, porque no pretende serlo, sino en cómo se siente al escucharlo: como una celebración de una era musical idealizada, nostálgica y profundamente humana.
Cada vez que lo escucho, suena diferente, como si descubriera algo nuevo en él. Y como dice el título del álbum, ha sido un diamante, una joya.