Un sinsentido musical de alta calidad.
Tan flojo como un botón resquebrajado, despintado y olvidado de alguna tela fina que , ya deteriorada y mal diseñada, pretende tener algo de clase entre las otras prendas ,también envejecidas, solo por el hecho de tener una marca reconocida en el lomo, cuando simplemente lo que quiere es inspirar pretensiones más grandes de las que realmente tiene. Eso es lo que taylor swift realmente transmite en esta producción tan mal orquestada y magistralmente vendida a un público que ya no sabe que comprar con tal de satisfacer un imposible deseo de conectar personalmente con sus artista favorita, en una especie de fanatismo esquizofrénico solo comparado al de Annie de Misery o al que se toca en Perfect Blue. Un icono terriblemente venerado a niveles estratosféricamente ridiculos y deprimentes (de verdad deprimentes, no como las canciones de despecho que aquí tratan de sobreponerse como piezas de melancólico arte vanguardista en el pop. Ni remotamente.). Sobre esto, Jack Antonoff parece haber producido este disco con resaca y una muy mala gana que no se como no ha hecho que lo despidan aún. Su ciclo claramente ya se cumplió y aquí parece haber saboteado las pocas buenas ideas que se tenían en el disco con una infinita y más tortuosa que poética reverberación artificial entremezclados con unos bajos desatinadamente texturizados en un mar de compresión vocal que suena casi robótico, pero que extrañamente linda en el valle inquietante. En fin, un glorioso desastre terriblemente grabado.
Una muestra más de lo insípido que puede ser el mundo pop y lo mucho que quiere apretar para finalmente botarlo todo por no querer hacer el trabajo lenta y de concisamente (esto porque si ya de por sí el concepto está recalentado y falto de buena sazón , el álbum dura un tiempo excesivo que solo se incrementa con tantas ediciones especiales que incluyen extras más que olvidables)
Es una muestra más de lo horrible que puede ser el capitalismo musical en su peor expresión. Nadie niega la tremenda empresa que está detrás de los grandes artistas pop del siglo 21 y su esfuerzo por sacar adelante productos rentables, pero esta vez se han pasado. Han engañado al público con historias vueltas a escribir desde cero como trasfondo para este disco pero con el nuevo giro supuestamente más introspectivo que nunca por parte de Swift. Patético y asquerosamente endeble. Solo el futuro decidirá si este álbum se olvida completamente o si servirá de una muestra viviente de los excesos de la industria musical en una época de franca decadencia artística representada por esta bazofia.