Lo leí de chico, en la primaria, y ahora en esta segunda lectura, debo admitir que me pareció igual o más divertido.
El protagonista de la historia es el propio fantasma, que lleva años atormentando a quien ponga un pie en su mansión, y sí, eso incluye a su propia descendencia. Pero todo cambia con la llegada de los Otis, una adinerada familia estadounidense.
La historia, a su vez, no presenta un entretenido choque cultural entre las tradiciones de Inglaterra y la modernidad americana; choque que pone en jaque a nuestro protagonista.
Wilde logró crear un ambiente que pasa de historias espeluznantes a divertidos momentos gracias a las vivencias de Ser Simon, quien, cual afisionado del teatro, utiliza grandes artimañas para intentar espantar a sus nuevos huéspedes.