Un clásico irrepetible del cine-catástrofe, la mejor de ese sub-género. Más allá de lo evidente, es decir, la entretención, la tensión y el drama, (todo con muy buenas interpretaciones de un reparto coral y excelentes efectos especiales), está el trasfondo.
No es que no se deban construir rascacielos. Seguramente lo seguirán haciendo. El punto es la calidad de los materiales y el ahorro en ellos, por razones de mezquindad económica, sacrificando la seguridad y, en rigor, la vida de las personas. Avaricia tan propia del sistema capitalista y, por qué no, la ruindad de la naturaleza humana.