El peor libro que leí de Alice Kellen. Lento, predecible desde muy temprano, prosa sumamente plana y una historia que parece contada por una nena de 14 años.
La verdad que me costó un montón terminarlo. El libro alterna entre presente y pasado. El presente es ameno aunque muy chato, parece contado por una amiga tuya que te llamó por teléfono un domingo a la tarde. Y el pasado directamente es aburrido e insufrible; incluso del pasado me salteé capítulos enteros y así y todo lo entendí igual.
Se ve que la editorial la estaba presionando con los tiempos y dijo “voy a escribir sobre el duelo que eso siempre gusta, y de paso le meto también un poco de ‘La vida continúa, sé feliz, vive el momento, cada día es único, tú puedes‘….” Y salió este libro pésimo.
Un desencanto total.