Este libro es sin duda alguna, de esos que una vez terminado, te encantaría volver a leerlo sin saber lo que va a suceder, para poder disfrutar de nuevo de la historia tan bonita y delicada a la vez que cuenta.
Sentir y acompañar cómo uno de los personajes poco a poco viaja del pasado al presente, con el añoro y la valentía que supone ese futuro tan oscuro como el color del mar en día de tormenta, es fascinante.
El crecimiento personal de esa nieta, que con pocas ganas y expectativas iniciales, se mete de lleno en descubrir ciertos secretos que aguardan en un viejo faro, para poder regalarle a su abuelo una simple sonrisa y brillo en unos ojos apagados.
Esta historia te encoge el corazón pero a la vez te regala una paz y calma que pocas veces he podido sentir con un libro. Al cerrar el libro, me lo llevé al pecho y sonreí, mientras suspiraba con una sonrisa.