Es una lástima que Cohn y Duprat (talentosos directores de El artista, Querida, voy a comprar cigarrillos y vuelvo, Mi obra maestra, etc) se estén dedicando a hacer un cine tan simple y de bajo vuelo, lleno de publicidades, sólo para manotear más y muchas pingües ganancias económicas. Los aciertos derivados de su talento cinematográfico y narrativo se reducen a unos pocos detalles: el haber colocado la historia de impacto al comienzo (algo que aprendieron de Szifron en "Relatos salvajes"), y la historia final con que cierran un recorrido por una pobre tipología del porteño y su recurrente snobismo en busca de orígenes europeos.