Aburrida, postmoderna y sentimentalista.
Si Nolan quiso ser el Kubrick de 2001 o el Tarkovsky de Solaris, que siga participando. Llena de incongruencias y contradicciones, con un guión que no inspira a sus actores, repitiendo el poema de Dylan Thomas varias veces (para pasar de intelectual y sesudo), y con un concepto del "amor que mueve el universo" que deberÃa abochornar a un Dante Alighieri. Pretenciosa como toda "obra maestra" en estos tiempos postmodernos, dónde la fantasÃa supera irremediablemente a la imaginación.