Se trata de un libro denso, que nos sitúa en la Rusia del siglo XIX, y en el cual el autor nos hace hincapié no insistentemente al crimen cometido por el protagonista ni en el castigo oficial impartido, sino en la lucha interna que vive éste y que podemos transitar páginas tras páginas, dejando claro que su mayor castigo y prisión son sus pensamientos, demostrando a través de Rodia (el protagonista) que a veces caemos en la falsa creencia de que al "eliminar" a quién consideramos el nudo del mal, el mundo será un lugar mejor e iluminado, además, de traer la sobrevaloración de nuestra inteligencia para "lidiar" con las emociones generadas después de un acto que va contra la virtud y la honorabilidad, pudiendose ver el nacimiento del sentido de culpa, el cual se convierte en el gran inquisidor, en ese carcelero que trae en sà la punición merecida, poniendo sobre la mesa como única salida la confesión, el liberar de su psique los demonios que alimentan esa culpa.
De igual manera, me llamo la atención ciertos simbolismos, enfocados principalmente a temas bÃblicos, pudiendo traer uno acotación; el protagonista pide a su amiga que le hable sobre la historia de "Lázaro", pudiéndose entender allÃ, que el subconsciente de él busca ese despertar de la muerte, causada por su acto criminal, y asà alcanzar la resurrección de su Ser, silenciando los ruido en su casa, en su mente, en su propia prisión.
Sin duda alguna, una joya de la literatura clásica, que todo bibliófilo debe darse la oportunidad de degustar, y a su vez, reflexionar sobre las consecuencias emocionales que tenemos después de toda acción llevada acabo, principalmente cuando esta es hecha no por la razón sino de forma visceral.