Una obra maestra de la animación adulta, Pantheon se erige como un oasis en el desierto de narrativas previsibles y guiones prefabricados. En una era saturada de producciones que apenas pueden sostener su propia premisa sin caer en lugares comunes, esta serie logra lo impensado: ser accesible sin ser simplona, profunda sin volverse indigesta, emocionante sin recurrir a giros gratuitos.
Mientras muchas historias actuales se desmoronan bajo el peso de diálogos forzados, pretensiones mal entendidas o, peor aún, el lastre de la propaganda disfrazada de entretenimiento, Pantheon encuentra el equilibrio perfecto entre lo entretenido y lo complejo. No subestima a su audiencia, pero tampoco la abruma con excesos narrativos. Su ritmo es dinámico, su trama es impredecible y su final, sencillamente extraordinario.
Desde Battlestar Galactica (2004) no sentía tanta satisfacción al ver un cierre tan bien ejecutado. En tiempos donde el contenido de calidad escasea, Pantheon es un recordatorio de que todavía existen historias que merecen ser contadas.
POR MÁS PANTHEON Y MENOS… bueno, de todo lo demás.