Un gran director y un gran productor, logran contar una historia en veinte minutos, he ahí un gran plus de sex and the city, en veinte minutos cada capítulo nos contaba una historia, que nos dejaba con ganas de ver más, se desarrollaban de forma efectiva y el mensaje quedaba más que claro. En este refrito de la serie, que en las mismas películas ya venía anunciando la debacle, no causa empatía ni sentimientos de familiaridad, personajes inconexos historias que no llevan a ninguna parte, episodios de más de 40 minutos que no cuentan nada, señores en épocas de TikTok no pueden estar 40 minutos sin llevarnos a ninguna parte en la trama.
Otro punto excesivamente abusivo, es esa intención de integrar a la comunidad LGBTIQA+ casi forzosamente a la serie, en vez de sumar le resta montones. En la serie original el tema de la comunidad era implícito nos invitaba a averiguar qué en ambos lados de la acera las personas se enamoran o sufren o ríen, empatizábamos entrañablemente con sus personajes porque eran imperfectos “lo único que le faltaba a charlote en su perfecta casa, era la conexión con una persona inperfecta”. Esto es lo que falta aquí conexión. es una serie que solo ofrece un desfile de diseñadores y productos y la promesa de un high style que hoy en día resta más que suma.
Decepción total solo queda rever los capítulos antiguos, ya que esta serie pudo ser tanto y no lo fué.