A duras penas lo terminé, saltando páginas almibaradas, sólo para descubrir que no terminaba. Seiscientas páginas para un par de casos policiales mal hilvanados, sin tensión ni suspense, un banquero insuperable embaucado por un yerno chapucero y una formidable señorita Manon que nunca se supo por que era tan formidable. Eterno y aburrido que no invita a una segunda parte.